Vistas de página en total

domingo, 20 de abril de 2014

De los días nublados.

Las nubes son el suelo del cielo, la parte más baja de la gloria, ese perdedor de la carrera.
Siempre que había nubes te convertías en ese deportista frustrado, en esa ansiedad de medallas perdidas, en esas carreras sin frutos, en segundos que son demasiados para un contador que no sabe de amor. 

Las nubes son el suelo del cielo, esa tristeza en días rojos, esas cervezas que ya no saben al primer trago.
Siempre que había nubes era miércoles y olía a mierda, ni con mascarillas ocultabas el tufo a culpabilidad. Las repartías, con sonrisas fingidas, con orgasmos de madera, con peces de gelatina, con nubes de algodón. 

Las nubes son el cielo de nuestro suelo, la felicidad por no ver el Sol de una puta vez, tus reprochables ganas de besarme, mis ganas de que el suelo del cielo nunca más se girara para buscar tu boca y que tu ansia de medallas perdidas se transformase en la carne podrida de los bares; en faldas cortas; en cubatas de garrafón. 

Las nubes son el cielo de nuestro suelo, las nubes que nunca temeremos el día de nuestra boda, el agua que agradeceremos un día, la parte más agradable de nuestra gloria no compartida.  

miércoles, 16 de abril de 2014

Gracias

Estoy escuchando "Despistaos" y amargándome un día que empezó redondo. Qué te voy a contar a ti, sabes de mi autodestrucción como si fueras el mazo que aporrea los cimientos de mi cordura. He decidido escribirte. Sí. Tal vez no sea una buena idea pero, ¿qué más da? Voy a contarte cómo llevo el olvidarte, irónico ¿verdad? Me río en mi cabeza. Joder, qué poca estabilidad me queda desde que no estás. No vengo aquí a reprocharte nada, faltaría más. Mira el título, simple, ¿verdad? Quiero que sea eso lo que quede cuando ya no haya nada, cosa que me parece sumamente imposible, pero soñemos; ya nadie lo impide. GRACIAS. Y te lo digo así, en mayúsculas, te gritaría si pudiera. ¿Sabes?, no estoy llorando mientras escribo esto, te ponía muy nervioso cuando lloraba, lo sé. ¿Recuerdas cuando lloraba por todo? Cómo hemos cambiado. Me da pánico verte y más aún verte y no reconocerte, que no seas tú, mi tú. Sé que ninguno de los dos somos los de entonces, yo ya no lloro por todo o al menos lo intento y tú.. Bueno a ti te pasa la vida, como a todos y te me vas, pero qué bonito el tiempo que te quedaste. Todo llega, a ti y a mi nos ha llegado la vida y qué bonita es. No he quitado la foto que nos hicimos en el fotomatón del corcho, no puedo. Qué felices estamos, qué felicidad. Me sigue transmitiendo parte del momento en la que fue tomada, me acuerdo como te arrasté desde "La Libra", también me acuerdo como te reíste de mi y cómo te costó sonreír en la foto; siempre salías serio en las fotos. También me acuerdo de lo que me encantaba verte reír, siempre te lo decía y seguro que no me escuchabas. Siempre que estaba contigo pensaba, acordándome de aquella canción de "Maldita Nerea", que estando contigo no tenía ni hambre, ni frío ni miedo ni sueño; ahora que te has ido tampoco tengo nada de eso. Qué curioso como los sentimientos al empezar una relación y al acabarla son tan parecidos, salvando distancias, obviamente. Te imaginarás que no paro de fumar, si no me matas tú, me matará el tabaco y que muertes tan bonitas. Te vi antesdeayer y parece que hace toda una vida que no te veo, espero que sigas bien. No paro de mandarte amor y luz, espero que te estén llegando. Después de todos estos años solo me queda desear que se quede aquí todo esto, que te escriba, que escriba a la nada, que el amor y la luz surtan efecto, que caiga sobre mi vida un golpe maestro, que nada vuelva a ser como antes, que no seamos como antes y gracias, por irte a tiempo, de corazón, 

domingo, 6 de abril de 2014

Para dormir cuando no estés.

Me preguntaba cómo sería tragarte las lágrimas, vivir sin aire y aun así poder reír.
Me preguntaba cómo sería abrazarte sin recorrer tus poros como baldosas.
Me preguntaba si se podía ser como el agua.
Me preguntaba cuántas lágrimas costaría callar el eco de tu voz en mi cabeza. Me preguntaba dónde estarías, si aun recordabas que la vida era preciosa hace veintinueve mil estrellas.
Me preguntaba si podría escuchar "Música de ascensores" sin decidir que la ventana es la opción más sana.
Y escribir se me hace un mundo, porque no estás. Porque, ¿qué coño voy a escribir si no te escribo a ti?, ¿cómo van a salirme las palabras del alma si está vacía de ti?, ¿cómo voy a ser?, ¿cómo serás tú?.

domingo, 5 de enero de 2014

Per dimenticare.

Creo que siempre me sorprenden los años. Llega uno nuevo y yo sigo anclada, intentando olvidar, intentando ser la persona que siempre quise ser, casi muerta, ansiando una bocanada de aire con la que poder seguir viviendo. Recuerdo cuando aun estabas tú; contigo los años no pillaban por sorpresa. Tú te hacías cargo de recibirlos como se merecía, de vestirte de gala, de pintarte los labios o quizás te colocabas una pajarita en el cuello. Así, con tu pajarita y tus labios pintados bailabas. Bailabas con todas tus fuerzas como queriendo deshacerte de todo lo malo que el año anterior te había pegado a la piel y a los huesos. Bailabas y yo te miraba, desde un rincón, apartada, haciéndome cargo de quedarme con todo el miedo que tu desprendías.
Y bailando, sonriendo, borracha de besos que no te pertenecían, borracha de todo lo que yo no podía tomar, ansiando otro nuevo año para seguir bailando con él, te ibas.
Cuando ya no estuviste... No sabría decirte qué pasó cuando no estuviste. Pero ya ni siquiera se notaban los años, no notaba los segundos, ni los meses, ni las horas, no notaba que vivía. Qué bonita sensación, morir en vida, no estar cuando los demás vagan como espectros por esas vidas que creen buenas, qué bonito haber aprendido eso de ti.
Y este año seguiré vagando como un espectro, concentrándome en poder seguir viviendo como hasta ahora, con mi perpetua tristeza, con tu inamovible recuerdo, con mis ganas de que pasen los años para seguir simplemente, para darme cuenta de que ya no estás, para olvidarte, para revivir de nuevo. 

sábado, 7 de septiembre de 2013

Tristesse.

Se acerca el fin. El fin o el principio, como tú lo quieras ver. Y yo que sé, si es que ya no me alimenta nada el alma, lo que antes me hacía gritar o llorar o reír, ahora no tiene ningún efecto. Y yo que sé. No sé qué prefiero, si no sentir nada o sentir demasiado, si ahogarme en lágrimas o que los días sean todos iguales los unos a los otros. No sé si prefiero acostumbrarme a no verte que caer en la rutina de los días y creer que te quiero porque se ha convertido en un hábito. No sé si romper con todo, con todas esas personas que parecen felices por las calles, agarradas de las manos, besándose, sonriendo, romper incluso con las que parecen tristes por envidiarlas a ellas y a su tristeza.
Bendita tristeza.
Me hice triste, me hice sombra para pasar desapercibida, pero sombra que pensaba y que sentía, sombra que lloraba, gritaba y reía.
Benditas sombras, bendita yo por haber vivido en ellas tanto tiempo y no haber sabido salir después.

jueves, 29 de agosto de 2013

Otoños.

Me dijo que escalar por mis piernas había sido el mayor de sus retos. Y no le creí. Cómo creerle si había subido hasta las piernas más altas y esbeltas del mundo. Cómo creerle si había invertido todo el tiempo del mundo en buscar los poros de mi piel y aprendérselos y después recitármelos, al igual que me recitaba a Benedetti. Cómo creerle si con su boca había tapado el frío del mes de enero. Me dijo que me prefería sobre todas las mujeres y sobre todas las cosas, me dijo que la vida a mi lado era mejor que hacer el amor después de seis cervezas. Me dijo que se acercaba el otoño y me susurró que en otoño todo se acaba y me cantó al oído nuestra canción y lloró. Lloró como nadie había llorado antes, soltó en sus lágrimas todas sus mentiras, me lanzó todos sus reproches, caímos al vacío desde sus mejillas y nos topamos con el suelo y con las huellas de sus pies que se marchaban al comenzar el otoño. Porque en otoño todo acaba.  

De humos y de bares.

Necesitarte mientras necesito y morir mientras respiro.
Una cerveza en aquel bar de la esquina y cuatro abrazos que no nos dimos.
Aquella canción que nos hacía llorar y el humo del tabaco que nos mataba.
Todo eso y mucho más eran las cosas que nos faltaban,
Porque no puede faltar el tiempo, ni las ganas, ni tu mano dentro de mi falda.
Porque tenerte es morir un poco menos, pero no dejar de morir es tenerte a ti sin ganas.